Así eres tú, distraída
como una noche de verano y demasiado ron que amanece suplicando hielos.
Tú eres así. Siempre lo fuiste.
Intensa, como un combate de cosquillas,
de dedos saltarines y jadeos.
Dulce como el aire que queda en nuestros labios
tras un beso invisible por teléfono.
Murmullo briznas de hierbabuena, recostado
como solía en mis viejos otoños
siempre esperando un nada
que a veces llegaba y a veces no.
Así transcurría el tiempo, como eones que se evaporan en un suspiro.
Y de repente llegaste tú, súbita. Un chaparrón inesperado que no deja
de llover,
de empaparme.
Rememoro a trompicones
lo que quise y no tuve, lo que tuve sin querer, lo que nunca quise tener...
Así eres tú. Inconstante,
fugaz como la chispa del mechero
que enciende mi mirada cada día. Estás y no estás. Eres y no eres.
Tú eres así. Siempre lo fuiste.
Como un barco que navega sin viento, por pura fuerza de voluntad.
Como el filo del verano que se marchita con los cerezos.
Como el viento que se lleva cada pétalo y cada lágrima en un remolino
de recuerdos.
Así. Sí, así. Así eres tú.
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