Jugamos, tú y yo, nuestra partida,
que es suerte de ajedrez con emociones,
un juego, con amor y despedida,
donde las frases hacen de peones.
Y mueven los alfiles y caballos
dos seres que se besan en combate,
que tratan, con sus fintas, sus ensayos,
ganar, perder, y, al fin, quedar empate.
No busco la victoria, ni la quiero,
ni anhelo el humillarme en la derrota,
pues es el propio juego el placentero,
y en él yo soy creyente, y tú, devota.
Mas puede que en su fin haya un inicio,
y sea aún más dulce que ese juego
la tregua, que resulte ser un vicio,
y tú y yo dos adictos a su fuego.
Arriésgate conmigo, y con valor
juguemos sin temer. De cualquier modo
ambos sabemos ya que, en el amor,
algo no es nada si es menos que todo.