miércoles, 24 de octubre de 2012

Mientras duermes

Adoro contemplarte mientras duermes,
suave, tierna, plácida y menuda,
tan irresistible y tan desnuda;
flor de dulces pétalos inermes.

Lato en la cadencia de tu pecho,
vibro en cada aliento que respiras,
miro siempre el verde con que miras,
digo que te amo, es dicho y hecho.

Trenzo con palabras, con mis versos
todo lo que siento y lo que quiero,
y todo te lo entrego sin reservas.

Te regalo estrellas y universos,
todo mi calor, cariño fiero,
que tú ahora tienes y conservas.

La Larga Marcha Oscura

Cuántas veces un Señor Oscuro
se alza desde su torre oscura
y amenaza a los débiles y tristes.

Requiere el destronarlo de su Trono,
Negro, afilado y siempre frío,
andar en un sendero sin retorno.

Se trata de un camino endemoniado
que arrostra peligros y desventuras,
y en el que hay que sufrir a cada paso.

Se cruzan muchas sombras despiadadas
que odian, y que matan y no mueren,
en cada instante de este largo viaje.

Amigos que derivan en recuerdos
traicionan tu confianza, y te abandonan,
y sólo unos pocos te son leales.

Y aquellos que quedaron a tu lado
apenas son ayuda, sino carga,
mientras la noche brilla sin estrellas.

Hay muy pocos Aragorn, y raro
es topar con uno en el camino,
y más normal con Gollum y con miedos.

Pocos, pocos Legolas, más Boromirs
que Gimlis, y Gandalfs no hay ninguno,
y muchos Samsagaces más, y Frodos.

Ataúdes de tierra

Suenan, entre trinos de silencio
voces de recuerdos olvidados,
víctimas del tiempo, encadenados
a gritos sobre escarcha, bajo el cencio.

Bailan sus espíritus, en danza
de años, y de babas y gusanos;
gentes que lucharon con sus manos:
ganaron o perdieron, gloria o chanza.

Perdidos entre balas y batallas
mueren defendiendo sus banderas,
en charcos de sangres, y de agallas.

Y sus almas imperecederas,
hijas de una España de tres rayas,
concilian sus diferencias, ya postreras.

Composición a medianoche

Brilla alta y pálida la luna
en un mundo gris, entre tinieblas,
allí donde nace cada miedo.

Fantasmas del pasado y del futuro
que lucen su terror enmascarado
danzando en espirales de demencia.

Estelas de negrura allá en lo alto,
locuras que te asaltan cada noche
de tantas formas que jamás acaban.

Y brilla el sol al fin, a la mañana,
y son tus ojeras mudos testigos
de una noche más de pesadillas.

Hasta pronto

Hoy han salido, como siempre, las estrellas.
Nada saben aún de tu partida.
Se me parte el corazón, la despedida
es la espina de la rosa de tus huellas.

Se han escrito versos sobre ellas
más bellos que estos, con más vida,
que eran puras emociones sin medida,
sobre rosas, sobre adioses, sobre estrellas.

Más hermosos, sí, no más sinceros,
que los que ahora escribo cuando afronto
tu ausencia en mil recuerdos verdaderos.

Y sigo empeñado, como un tonto,
en que acaben tantísimos te quieros
en vez de con adiós, con hasta pronto.

En tus labios

Quisiera ser la lágrima azarosa
que tiene la fortuna ilimitada
de ser la hija nacida en tu mirada,
que no hay natividad aún más hermosa.

La observo avanzando presurosa
rozándote en el rostro, afortunada;
no cambiaría tal suerte por nada,
pues no hay de más valor ninguna cosa.

Y tiene un fin perfecto, es conocido
que es muerte escogida por los sabios
entre todas las muertes que haya habido:

como muerte olvidando los agravios,
estrella en supernova, héroe herido,
lágrima esfumándose en tus labios.

Suelta y libre

Así eres tú, distraída
como una noche de verano y demasiado ron que amanece suplicando hielos.
Tú eres así. Siempre lo fuiste.
Intensa, como un combate de cosquillas,
de dedos saltarines y jadeos.
Dulce como el aire que queda en nuestros labios
tras un beso invisible por teléfono.
Murmullo briznas de hierbabuena, recostado
como solía en mis viejos otoños
siempre esperando un nada
que a veces llegaba y a veces no.
Así transcurría el tiempo, como eones que se evaporan en un suspiro.
Y de repente llegaste tú, súbita. Un chaparrón inesperado que no deja
de llover,
de empaparme.
Rememoro a trompicones
lo que quise y no tuve, lo que tuve sin querer, lo que nunca quise tener...
Así eres tú. Inconstante,
fugaz como la chispa del mechero
que enciende mi mirada cada día. Estás y no estás. Eres y no eres.
Tú eres así. Siempre lo fuiste.
Como un barco que navega sin viento, por pura fuerza de voluntad.
Como el filo del verano que se marchita con los cerezos.
Como el viento que se lleva cada pétalo y cada lágrima en un remolino
de recuerdos.
Así. Sí, así. Así eres tú.